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Lo que aprendí de la luz haciendo retratos de teatro

Foto y vídeoMomi Cohen3 min de lectura

Mujer de pelo rizado con capucha negra iluminada por un farol de latón

Entre 2006 y 2010 pasé muchas horas con la cámara en sitios donde casi no había luz. Camerinos, locales de ensayo, escenarios y hasta un cementerio de noche, bajo la lluvia, durante el rodaje del mediometraje La Rosa Blanca. Fotografiaba actores, músicos y artistas de calle, unas veces por encargo y otras porque me apetecía.

Aquellas fotos ya tienen sus años, pero lo que aprendí haciéndolas lo sigo usando cada vez que fotografío a un equipo, un local o un producto. Te cuento lo más importante.

Menos luz, más intención

En los retratos que llamo la serie del farol, la única luz era la de un farol antiguo de latón. No había flashes ni reflectores. Lo que ilumina el farol se ve, y lo demás desaparece en la sombra.

Trabajar así te obliga a decidir qué quieres enseñar. Una mirada, unas manos, la textura de una tela. Cuando todo está igual de iluminado, nada destaca. Hoy, cuando preparo una sesión para una marca, me hago la misma pregunta antes de encender nada: qué tiene que ver primero quien mire la foto.

La luz también cuenta el carácter

Con los retratos del payaso aprendí que la misma cara cambia por completo según de dónde venga la luz. De lado, marca cada arruga del maquillaje y el gesto se vuelve duro. De frente y suave, el mismo personaje parece triste o tierno.

En una foto de empresa pasa exactamente igual. Un retrato del equipo con luz plana transmite poco. Con una luz que modela un poco la cara, la misma persona parece cercana, segura o con experiencia. La luz decide cómo te perciben antes de que digas nada.

Adaptarse a lo que hay

En un escenario no controlas la luz, la pone el técnico del espectáculo. En un local de ensayo, lo que haya en el techo. Fotografiando a un malabarista con su diábolo o a una banda tocando, aprendí a leer rápido la luz disponible y a buscar el ángulo en el que funciona, en vez de pelearme con ella.

Es lo que más me sirve hoy en las sesiones en negocios reales. Una clínica, un taller o una tienda tienen la luz que tienen, y parte del trabajo es encontrar el rincón, la hora y la posición en que se ven mejor sin montar un estudio en medio de su día a día.

Mirar antes de disparar

El rodaje de La Rosa Blanca me enseñó algo que no tiene que ver con la técnica. En un rodaje hay un equipo entero trabajando y el fotógrafo tiene que molestar lo menos posible. Aprendes a observar, a anticiparte al momento y a hacer la foto sin interrumpir.

Esa discreción es la que permite, años después, fotografiar a gente trabajando sin que pose. Las fotos más naturales de un negocio suelen salir cuando la gente se olvida de que estás ahí.

Lo que sigo aplicando

Cuando alguien me encarga fotos para su marca, en el fondo repito lo mismo que hacía con aquellos actores y músicos:

  1. Decidir qué es lo importante de cada foto y darle la luz a eso.
  2. Usar la luz para contar cómo es la persona o el negocio, no solo para que se vea.
  3. Aprovechar la luz del sitio antes de añadir la mía.
  4. Molestar poco y esperar el momento.

Puedes ver aquellas series en la galería de fotografía. Y si necesitas fotos reales para tu web o tus redes, te cuento cómo planteo una sesión de fotografía publicitaria o por qué merece la pena frente a las fotos de banco. Si te apetece, nos tomamos un café.