Para hacer tu marketing, primero tengo que aprender tu negocio
Llevo más de 25 años en esto y todavía no he tenido un año tranquilo. Cada temporada aparece una herramienta nueva, una red social cambia las reglas o la gente empieza a buscar de otra manera. A mí eso me encanta. Si te gusta aprender, pocas profesiones te lo ponen tan fácil como el marketing.
Pero hay un aprendizaje del que casi nunca se habla, y es el que más tiempo me lleva en cada proyecto: entender el negocio del cliente. Su sector, su gente, sus clientes. A veces acabo sabiendo cosas que ni su propio equipo tenía tan claras.
Nadie me contrata para hacer cosas bonitas
Cuando alguien me encarga su marketing, lo que quiere en el fondo es fácil de explicar: más clientes, más facturación o que su mensaje llegue a gente a la que hoy no llega.
Un logo cuidado ayuda. Una buena web también. Pero ninguna de las dos vende sola si lo que cuentan no conecta con lo que le preocupa a quien está al otro lado. Y eso el primer día no lo sé. Lo tengo que aprender.
Por qué acabo sabiendo tanto de tu sector
Te pongo un ejemplo que conozco bien. En una clínica de fisioterapia, el fisio sabe tratar una lesión mejor que nadie. La persona de recepción sabe qué pregunta la gente cuando llama por primera vez. Y quien lleva la gerencia se sabe los números de memoria.
Cada uno domina su parte. Lo que casi nadie tiene es la foto entera vista desde fuera, desde el sofá de alguien con dolor de espalda que está buscando en el móvil a dónde ir. Esa persona no escribe “readaptación funcional”. Escribe “me duele la espalda al levantarme” o le pregunta a ChatGPT si le conviene más un fisio o un osteópata.
Mi trabajo es sentarme en ese sofá. Para eso necesito saber lo suficiente del sector como para no decir tonterías y, a la vez, seguir mirándolo como alguien de fuera.
Cómo lo hago
Empiezo escuchando. Las primeras reuniones son casi todo preguntas, porque quien más sabe de su negocio es el cliente y sería absurdo llegar con la solución antes de entender el problema.
Luego leo mucho. Reseñas de Google (las suyas y las de su competencia), comentarios en redes, foros y lo que responde la IA cuando alguien pregunta por ese servicio en su ciudad. Ahí salen las dudas reales y, sobre todo, las palabras que usa la gente.
También miro qué cuenta la competencia. Me interesa menos lo que dicen que lo que nadie está diciendo, porque ese hueco suele ser la oportunidad.
Y siempre que puedo, piso el negocio. Hago allí las fotos, veo cómo se atiende a la gente, charlo con el equipo. Hay cosas que no salen en ningún briefing y se entienden en diez minutos estando dentro.
Lo bueno de mirar desde fuera
Me pasa a menudo: al explicarme su negocio, el cliente se da cuenta de cosas que daba por sabidas. Un servicio que no está contando. Una forma de trabajar que le diferencia y que nunca ha puesto en la web porque “eso lo hace todo el mundo”. Casi nunca lo hace todo el mundo.
Para mí es la mejor parte del oficio. Cada proyecto me obliga a aprender un sector nuevo, y cada sector me deja algo que acabo usando en el siguiente.
Si quieres que tu marketing hable de verdad de lo que haces, lo primero es que me lo cuentes. Si te apetece, nos tomamos un café.